miércoles, abril 19, 2006

Manual para instructoras de vuelo

¿El amor o no? ¿La búsqueda, o la pérdida de la realidad? Se busca una mujer, una imagen irreal de un yo mismo, de un subconsciente alucinante. Se busca una mujer que sea capaz de elevarse, de adentrarse, de esfumarse, diluirse. Una mujer que escuche, que se haga parte de la carne dormida encima de la almohada. La crisis existencial de un hombre que busca una mujer que vuele, que levite, que sea etérea, sublime. El amor que se queda intocable, insaciable, adormecido por semanas enteras al ritmo de poemas, de danzas con palabras líricas y románticas. Poemas cursis, medios cursis, transitorios, casi surrealistas. La vida inerte, irreemplazable, absurda pero extremadamente lógica. El esquema social, las retóricas políticas, las reglas patológicas. El sexo petulante, espeluznante, las edades del sexo, los valores o la dependencia casi adictiva del sexo. La influencia del ambiente, los ambientes precarios, los encuentros entre etapas y niveles sociales. El miedo, la ira, el ego, la desesperación por encontrarle un significado a la desesperación misma. Los sentimientos suicidas. La muerte como testigo, como cómplice, compañera. La esperanza disfrazada de muerte, de mujer y nuevamente de muerte. El amor a la vida, el significado de la vida…El tiempo sin vida, el tiempo con la soledad. La espera, el vació interno por la llenura del alma. Los 5 sentidos y una cama más. El cuerpo a la venta por unos pocos pesos, el valor de las agallas, el miedo a enamorarse, a pertenecer, a la desilusión. La búsqueda, el encuentro…o el desencuentro con la casualidad.

martes, abril 11, 2006

¡¡Prohibido el paso!!



Fue en el ultimo jaleo en donde me di por vencido, trate de abrasar traspasando las ganas, trate de ocupar los dedos que no me funcionan y el pecho no respondió ni siquiera a la exposición de la intemperie. Ahí es en donde recuerdo que hace tres o cuatro meses algo por estilo me hubiese podido semi- arrollar, en menor o mayor medida socavar lo poco de dignidad que me atrevía a confesar. Pero en esta ocasión simplemente estaba tendido, un poco mas agitado que de costumbre en pasados días, un poco mas lateado que en las siguientes horas y disminuido ya no por el “déjate de webiar”; sino mas bien replegado a la sonrisa un poco macabra y un tanto culpable: “si tanto te cuesta dormir, creo que tendré que buscar un nuevo lugar en donde alojar” y la improvisada conversación se cerro como “esas” conversaciones que no tienen punto de fuga donde perder el mirar, y me volví sonriente esta vez pensando que nunca antes me había sentido mas cómodo durmiendo con ella, que nunca la tensadura de la entrepierna había sido mas generosa que en aquella ocasión, que jamás los vaivenes habían sido mas rítmicos en mi cabeza, que las horas no tenían mas importancia que su papel en el recorrido del desgaste de los quejidos entrecortados y las permutaciones de los brazos tratando de alcanzar lo que a la mano no esta.