cuando no puedes abolir la memoria,
como las nubes de vapor
los contornos de las locomotoras,
y te gusta ver pasar el viento
que silba como un vagabundo
aburrido de caminar sobre los rieles.[1]
Ya no reconozco mi casa.
En ella caen luces de estrellas en ruinas
Como puñados de tierra en una fosa.
Mi amiga vela frente a un espejo:
espera allí la llegada del desconocido
anunciado por las sombras más largas del año[2].
Algunos lo interpretan como el dolor constante por el pasado y el orden que no volverá, pero podríamos interpretarlo como el dolor de la inexistencia material de aquel espacio mental, situado más allá de cualquier tiempo y espacio, cuyo rótulo de pasado no es más que el vértice desde el cual explora toda la línea temporal, en busca de un lugar que no existe, un paraíso que no es posible señalar sobre la temporalidad o espacialidad, un paraíso en el cual sólo se encuentra el texto consigo mismo, el poema mismo.
Según Leonidas Morales[5], el título de este libro podría ser quizá el titulo de todos los libros de Teillier, ya que configura uno de los elementos que marcan el total de poseía, hace mención a la referencialidad del recuerdo y su proceso cíclico en la obra del poeta, pero en mi opinión, el modelo a utilizar por Morales equivoca el rumbo. Para morales el tiempo cíclico, o la circularidad de la memoria en Teillier no está dada por un re-suceder en las vueltas de la rueda. Teillier es el eje por el cual estos recuerdos torna vida, está a exactamente la misma distancia de cualquiera de ellos como si fuese el punto de partida del radio:
lo que el sol en el espejo
con que un niño juega en el tejado.
Pero nunca dejaremos de buscar sus huellas
en los patios cubiertos por la primera helada.[6]
“El árbol de
que pudo mostrar el paso del rayo
o la quietud de las piedras
bajo las nieves de antaño.
Para que vuelvan a ser bosques y arenas
me despido del papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían los ríos perezosos,
cerdos en las calles, molinos vacíos.
Para luego decir:
Me despido de la memoria
y me despido de la nostalgia
-la sal y el agua
de mis días sin objeto -
y me despido de estos poemas:
palabras, palabras -un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.
[1] Teillier, Jorge. Poema “Andenes” (extracto) en El árbol de la memoria, 1961.
[2] Teillier, Jorge. Poema “Los Conjuros” (extracto) en El árbol de la memoria, 1961
[3] Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina. Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1995
[4] Lihn, Enrique. El circo en llamas: Una crítica de la vida. Edición de Germán Marín Santiago, LOM, 1997. 694 págs.
[5] Morales, Leonidas. El libro único de Jorge Teillier. En el diario La Época, domingo 12 de 1996.
[6] Teillier, Jorge. Poema “En memoria” (extracto) en El árbol de la memoria, 1961
