domingo, abril 20, 2008

Lihn

Lihn: La pieza Oscura (1963)

Jorge Elliott, cuando prologa la primera edición de “La Pieza Oscura”, hace ya más de cuarenta años escribe: “Hay poetas en Chile, y Enrique Lihn es uno de ellos, uno de los verdaderos”, así lo dice sin mayor preámbulo, como si fuese la exclamación de una epifanía, para un poeta incomodo en este mundo rodeado de revelaciones y experiencias “reveladoras”. La aparición de este volumen con el paso del tiempo se ha transformado en la piedra de tope de innumerables poetas, críticos y lectores, una obra que no se sustenta en la exclamación de pensamientos que no sea la poesía misma, es una reflexión sobre la experiencia y el habitar de un hombre incómodo en un mundo que le incomoda más,

¿Qué será de los niños que fuimos? Alguien se precipitó a encender la luz, más rápido que el pensamiento de las personas mayores.

“es un resplandor” según Camilo Marks, en la tonalidad que el mismo Parra ya había eliminado, ya que en Lihn se conjuga el lirismo con el sentir, la estética con el sentido. Las imágenes no son dejadas al azar y nos aferramos a ellas como lo único que tenemos, aún cuando nos esforcemos por repetir esa canción que terminaremos por aprender, pero la amargura se hace presente cuanto el poeta da cuenta de lo infértil de la tarea, porque no hay nada más de lo que está en el texto, y la melancolía se cuela como el olvido en los recuerdos.

No hay secreto ninguno en el azul
que no sea el azul de su secreto

El control que posee sobre esta obra es total, incluso en los instantes de mayor emoción como “Elegía a Carlos de Rokha”, en donde la súbita experiencia de la muerte nos muestra una creación que dialoga codo a codo con el ocaso de una vida.

Si la vida no es más que una locura
lo que importan son los sueños y aún el delirio, la mentira piadosa
de las palabras en libertad arrojadas
al millar de los vientos nocturnos,
como en tu poesía: la oscuridad vidente:
palabras como brasas, balbuceos del fuego.

La reflexión poética es constante y sin cesar, su lectura es dificultosa y repleta de referencias intelectuales que hacen que el lector se adentre en un universo de una mente distinta, inquieta, que nos abre puertas y las cierra sin darnos previa explicación, en la cual el sujeto poético nos da cuenta de la imposibilidad de la reconstrucción de la infancia y que es la memoria, a la par con el lenguaje poético, lo que va construyendo “actividades que se identifican”, es decir, un proceso en el cual las correspondencias sólo se dan en el texto y es sólo ahí donde se encuentra el presente de la infancia ya perdida, en el presente mismo del texto.

Pero una parte de mí no ha girado a compás de la rueda, a favor de la corriente.
Nada es bastante real para un fantasma. Soy en parte ese niño que cae de rodillas
dulcemente abrumado de imposibles presagios
y no he cumplido aún toda mi edad
ni llegaré a cumplirla como él
de una sola vez y para siempre.

Como podemos observar, el Lihn de la pieza Oscura es un sujeto lírico y romántico –de esos con los dientes apretados- que dialoga con las distintas interpretaciones, no sólo de la poesía o noción de ésta, sino con todas las expresiones del arte en sí. Si vamos por el sendero que nos muestra Lihn, nos encontramos frente a la gran disyuntiva de la literatura misma, la naturaleza o el ser que está impregnado en ésta, por que la literatura no es el murmullo de todo lo que se pronuncia ni tampoco es el espacio que delimita al murmullo mismo, es decir: la obra. La literatura y la poesía es el espacio en blanco, lo impronunciable de esos actos, ese espacio que se refiere a sí y sólo a sí que muere en el texto. Si seguimos esta tesis de una u otra forma llegaremos a la pregunta sobre la función del poeta, si acaso es el verdugo de la literatura misma y ahí la angustia que lo encadena, o es si es la función del escultor de lo no-nombrado, que va delineando lo no-dicho.


Aquí dejo un poema que no pertenece a este poemario, pero que de alguna manera define mi reflexión poética en torno a Lihn y a la poesía en general.

La realidad y la memoria.

El simulacro de profundidad que presta la memoria a todas

las cosas

por que ella es por definición lo profundo

esa profundidad consustancial a las cosas en la memoria, razón

por la cual se sustraen al reconocimiento

deslizándose en si mismas constantemente hacia un atrás aparente.

En la memoria

no nos encontramos nunca delante de las cosas que vimos

alguna vez ni en realidad ante nada

Pero en lo real -donde ocurre exactamente lo contrario-

las cosas son pura superficie

que nos cierra al conocimiento de las mismas

cosas de las que ergo nada puede decirse en realidad.

viernes, abril 18, 2008

Pajas Mentales 2

No le hables, no lo mires, es inútil. Esta ahí, esperando, nada es que capaz de decirte mas haya de lo que quieres oír, esa es la denominación de la adulación y la practica narcisista de fraternidad, así que no lo mires, ni le escuches ni le pienses. Aunque antes de seguir debamos establecer sino toda relación esta dada por un narcisismo subyacente, lo cual complicaría todo, o en realidad lo aclararía. El resultado de esto no es esclarecerlo, solo te pido que no le hables, ni le pienses en este momento, sácalo de ahí, del lugar en el cual se encuentran ambos, del lugar en el que dices entenderlo y hasta incluso comprenderlo, no intentes recordarlo ni evocarlo, su imagen no es lo importante en este momento. Si tan solo pudieses comprender lo que trato de decir, o se te presentara de forma mas clara y distinta lo que trato de decir, pero volteas la cara pensado en no se que cosa, viendo no se que imagen que te ha mostrado y yo solo pienso y quiero que te quedes un momento para no demorar esto. ¡Cierra es boca inmunda y voltea esa cabeza aquí!, por que lo trato de decir no tiene que ver con todo has creído o visto este ultimo tiempo, no tiene que ver con el aquí o el allí, es otra cosa, algo que no me dejas terminar de decir si me miras de esa forma.

Vengo de estampar la firma ahí, en el lugar que me dijeron, sobre la línea que se transforma de ahora en adelante en el subrayado de mi nombre, línea que fue la directriz de la forma que trazó el lápiz, línea que demarca el área donde va mi Rut y mi huella digital. Por que creí, por que lo hice efectivo, por eso firme, por que no me intereso sumergirme en el mar de dudas que ya cansado me tiene, por que les mire sonriente, te guiñe un ojo con ternura mientras mirabas cuando me inclinaba con el lápiz en la mano. Firme por que mi papa me dijo que estaba bien hacerlo cuando uno ya llegaba a una edad, firme por que creo en todo lo que no represento, por que busco un orden, la consagración, por que el tipo de trajo oscuro y gris me asiente con la cabeza cuando desprendo el bolígrafo con inseguridad. Por que ahora creo, por que ser infeliz no se compara con hacer y creer en lo correcto, en lo digno, en lo virtuoso; firmo por que lo quiero, por que lo deseo a fuerza de raíz, a fuerza de esperanza, firmo y doy medía vuelta para ver las caras por que es lo único que existe en este momento, ver un par de caras y volver a inclinar mi mano buscando el pañuelo.

“Que la teni rica” dice con su boca húmeda, es la puta de turno, la chupada por cinco lucas que todo ser humano merece una vez al mes, la gratificación de la cobardía, en la oscuridad donde se junta el sudor, el sexo y los billetes previamente contados. Mira con esa coquetería arquetípica mientras con pedazo de pañuelo limpia su boca y vagina, “vas a tener que venir mas seguidito, por que te costo terminar”, la camisa revuelta, los anteojos resguardados, la verga reducida, agotada.

lunes, abril 14, 2008

Pajas Mentales.


Hacia que lado ir, donde buscar la afirmación para la decisión, el guiño que dará la respuesta, el espaldarazo que nos resguarda. Esto de estar tan quieto a uno lo pone a pensar cosas extrañas, se tiene mas tiempo para fisurar el presente y transformarlo en el enjambre de avispas que es, recorriendo las ojeras propias y las ajenas con obscena delicadeza, escarbando para ver en que momento están gritando o solo silbando, es caminar por lentas y despobladas vitrinas, es buscar la expectación en las dos líneas del diario que se asoma en el quiosco, es buscar ese algo que no habla en la columna que se ofrece como apartado. Esto de tener tiempo me convierte en el blanco del carnicero reprimido y en la dueña de casa con entrepiernas clausuradas, me insultan en las calles con las bocinas y las abuelas abofetean mi cara como la de un nieto drogadicto o prófugo. Desde que tengo miedo ni las mozas ni las bellacas se me arrojan, no me silban con los ojos cerrados y no me absorben el aire con su boca redentora; las de siempre no pellizcan mis esperanzas y las de nunca no existen ni en las ganas. Desde que el tiempo es mío argumento de mal agrado lo inefable de la experiencia mística del acto, de la inconmensurabilidad del artefacto creado; pero no creo ya en lo que digo, el tiempo ha hecho que ni siquiera pueda creer en lo que hablo. Desperdicio frases y llamados, no le creo ni a las bienvenidas ni a los besos hablados; quien iba a creer que yo dudara incluso de cómo dos mas dos son contados. Por que desde que el tiempo es mió y no lo regalo, los maderos de las bancas se han abierto sin permitirme estar sentado, converso con las nalgas como si estuviese en un confesionario, los pelos se caen por lado y lado, no encuentro libros ni llaves, ni almohadas, ni recipientes útiles, ni artículos de baño; tuve que dejar pelusas y botones en los abrigos no ocupados y camino con las carteras plenas como un equeco cósmico, un buzo en tierra despresurizado, el criminal sexual confeso y automutilado. Esto de ganarle al tiempo me esta sepultando en horas, en minutos, en agujas de segundos, los días tras de mi corren, las semanas se hunden en mis pasos que no detengo, los meses me esperan con manopla a la vuelta de la esquina, y yo sigo caminando como si ellos no existiesen, como si mis cargas no llevara. Desde que me que sobra el tiempo, recorro codo a codo los instantes y los selecciono, arrodillo los triunfos y los unjo tal caballero; las que se llaman penas -no esas que derrotan y se inmortalizan en la fugacidad del humo- están desterradas como patronas de caserones perdidos, autocráticamente preservados, con vertientes eternas, con viñedos inexplorados. Desde que el tiempo es “mi” tiempo, no encuentro en que poner las fichas que he ganado, y me siento a escuchar los malos poetas que pintan el cielo con palabras como “azulino”, y sigo escribiendo estas webadas sin saber a quien mierda me dirijo.