
Lihn: La pieza Oscura (1963)
¿Qué será de los niños que fuimos? Alguien se precipitó a encender la luz, más rápido que el pensamiento de las personas mayores.
“es un resplandor” según Camilo Marks, en la tonalidad que el mismo Parra ya había eliminado, ya que en Lihn se conjuga el lirismo con el sentir, la estética con el sentido. Las imágenes no son dejadas al azar y nos aferramos a ellas como lo único que tenemos, aún cuando nos esforcemos por repetir esa canción que terminaremos por aprender, pero la amargura se hace presente cuanto el poeta da cuenta de lo infértil de la tarea, porque no hay nada más de lo que está en el texto, y la melancolía se cuela como el olvido en los recuerdos.
No hay secreto ninguno en el azul
que no sea el azul de su secreto
El control que posee sobre esta obra es total, incluso en los instantes de mayor emoción como “Elegía a Carlos de Rokha”, en donde la súbita experiencia de la muerte nos muestra una creación que dialoga codo a codo con el ocaso de una vida.
Si la vida no es más que una locura
lo que importan son los sueños y aún el delirio, la mentira piadosa
de las palabras en libertad arrojadas
al millar de los vientos nocturnos,
como en tu poesía: la oscuridad vidente:
palabras como brasas, balbuceos del fuego.
La reflexión poética es constante y sin cesar, su lectura es dificultosa y repleta de referencias intelectuales que hacen que el lector se adentre en un universo de una mente distinta, inquieta, que nos abre puertas y las cierra sin darnos previa explicación, en la cual el sujeto poético nos da cuenta de la imposibilidad de la reconstrucción de la infancia y que es la memoria, a la par con el lenguaje poético, lo que va construyendo “actividades que se identifican”, es decir, un proceso en el cual las correspondencias sólo se dan en el texto y es sólo ahí donde se encuentra el presente de la infancia ya perdida, en el presente mismo del texto.
Pero una parte de mí no ha girado a compás de la rueda, a favor de la corriente.
Nada es bastante real para un fantasma. Soy en parte ese niño que cae de rodillas
dulcemente abrumado de imposibles presagios
y no he cumplido aún toda mi edad
ni llegaré a cumplirla como él
de una sola vez y para siempre.
Como podemos observar, el Lihn de la pieza Oscura es un sujeto lírico y romántico –de esos con los dientes apretados- que dialoga con las distintas interpretaciones, no sólo de la poesía o noción de ésta, sino con todas las expresiones del arte en sí. Si vamos por el sendero que nos muestra Lihn, nos encontramos frente a la gran disyuntiva de la literatura misma, la naturaleza o el ser que está impregnado en ésta, por que la literatura no es el murmullo de todo lo que se pronuncia ni tampoco es el espacio que delimita al murmullo mismo, es decir: la obra. La literatura y la poesía es el espacio en blanco, lo impronunciable de esos actos, ese espacio que se refiere a sí y sólo a sí que muere en el texto. Si seguimos esta tesis de una u otra forma llegaremos a la pregunta sobre la función del poeta, si acaso es el verdugo de la literatura misma y ahí la angustia que lo encadena, o es si es la función del escultor de lo no-nombrado, que va delineando lo no-dicho.
Aquí dejo un poema que no pertenece a este poemario, pero que de alguna manera define mi reflexión poética en torno a Lihn y a la poesía en general.
las cosas
por que ella es por definición lo profundo
esa profundidad consustancial a las cosas en la memoria, razón
por la cual se sustraen al reconocimiento
deslizándose en si mismas constantemente hacia un atrás
En la memoria
no nos encontramos nunca delante de las cosas que vimos
alguna vez ni en realidad ante nada
Pero en lo real -donde ocurre exactamente lo contrario-
las cosas son pura superficie
que nos cierra al conocimiento de las mismas
cosas de las que ergo nada puede decirse en realidad.

