“que éste país no da muchas por contar, que las dos grandes coaliciones políticas han hecho su máximo esfuerzo, para dejarnos sin alternativas racionales para votar en las próximas presidenciales, agotaron sus cerebros para ofrecernos a dos imbéciles que provocan menos que la vagina de Sergio Melnick (Frei y Piñera). Cuando el desplome del sistema capitalista mundial, ha dado nuevos aires para que las social-democracias se re-posicionen, para que el debate sobre el rol del estado sea protagonista, en Chile lidera la competencia electoral, lo que para algunos es, el ave de rapiña más voraz de nuestro mercado de capitales, y su contendiente es la imagen de la tibieza personificada en Eduardo “veremos” Frei Ruiz-Tagle. Cuando queremos hablar de aborto Frei nos dice “veremos”, cuando queremos hablar de regulaciones, energía nuclear, protección del medio ambiente, represas en la Patagonia, despenalización de drogas blandas, reelaboración de la ley del consumidor, abolición del sistema binominal, participación ciudadana, salud, vivienda, educación pública, derechos de mapuches… “veremos” nos dice, como si fuese un mantra, como si dejara al progresismo nacional con alguna alternativa viable para votar.”
Obviamente, al revisar mis palabras (mayo 2009), y encontrarme con la desazón de entonces, examino la perspectiva que se apodero de mi, y de varios compañeros de generación durante las elecciones de diciembre pasado. Recuerdo como la candidatura de Marco Enríquez, logro satisfacer un anhelo importante, la inclusión de un tercero relevante en el debate, que rompía el dialogo monótono que caracterizo a la transición. En los seis meses, que siguieron desde que escribí el primer borrador (reseñado arriba, el primer párrafo), desde que cruzo la barrera psicológica de los dos dígitos, los encuestologos (mafia chilensis que está sacando sus dividendos de esto) se desvivieron para darnos las predicciones de sus oráculos. Teorías de metro cuadrado, ajustadas a las necesidades de cada campaña, alimentan blogs y columnas de diarios, haciendo sudar a los redactores de editoriales, esos intelectuales de la chimuchina diaria.
Cuando Marcos Enríquez sale a la contienda presidencial, y arrastra tras sí, los escombros de una concertación cansada, de una ciudadanía que se manifiesta con un laxo malestar, una sosegada apatía. Pero eso es solo un comentario de columna de fin de semana, lo realmente importante de su candidatura, más allá de si gano o perdió, se adelanto a lo que muchos ya intuían, que en realidad la transición política chilena, no pasaba fundamentalmente con las reformas a la constitución que realizo Lagos al final de su gobierno, ni por el descabezamiento de las fuerzas armadas y su sometimiento al poder civil. Lo que se antepone a la superación de la transición misma, siendo los otros elementos de esta, es el fin de la concertación misma. Por paradojal que parezca a algunos, es el destino mismo de la concertación, el de transformarse en abono que alimente la árida estepa de nuestro debate político, es sobre sus escombros donde se debe construir el país que seremos.
Mentiría si dijese, que en lo íntimo, no alimente cierta esperanza, cierto anhelo por ver caer como pilares de un imperio que muere, la actual estructura política. No desconoceré sus contradicciones fundamentales -las de Marco-; un mayor compromiso con ciertas propuestas es algo que agradecería, pero no debemos de entenderlo como una figura redentora de la política, sería otro error garrafal, su calidad no pasaba por una línea programática estática y clara, y es cuando se ha despreocupado de ello, cuando ha alcanzado sus mejores momentos, sus instantes de mayor lucidez. La contienda en sí, lo vimos cada día con la corbata más amarrada, con la repetición incesante de un jingle que lo transformo en parodia de si mismo…
Por otro lado, estuvo Arrate, quien en el último debate dejo absolutamente claro, que es un candidato funcional a la concertación, un desprendido, un histórico que logro el apoyo del partido comunista, sabiendo que el cinco o seis por ciento que captaría en la votación presidencial, irían a parar de manera irremediable a Frei. Ese mismo año, el partido comunista hizo una alianza electoral con la DC… no es de extrañar que la candidatura de Arrate fuese una expresión de esa alianza: una candidatura sin ideas y “sin ninguna raigambre o apoyo social real”, establecida en base a la vaguedad histórica de una izquierda conservadora y testimonial, enfrascada en su mito fundente del dolor y la derrota, una izquierda atávica, que no ha sido capaz de establecer una alternativa en los problemas del crecimiento o ineficacia del Estado, la nueva relación con las comunidades en base a un mundo conectado y atomizado, el problema de la administración del poder.
Al mirar hacia atrás, nuestro pasado cercano, que visualizo como un recuerdo intimo, próximo, concluyo que la calidad de la política, con todos los cuestionamientos que se le pueden formular, ha logrado desarrollarse de tal modo, que la negociación y el dialogo entre sectores diversos de nuestra oligarquía, es una práctica con actores cada vez más hábiles, el saber retroceder y dialogar, el de avanzar y establecer puntos, aun en contra de aliados políticos; aunque sea por populismo, debemos de reconocer que Piñera, ha logrado dar un aire de mayor liberalismo a un sector caracterizado por un patrón conservador (al cual la UDI adhería). La concertación, con sus vicios y vacios, por años construyo una plataforma de desarrollo de la política, y su relación con la oposición, que no deja en pie de duda, que este país lograra desarrollar una democracia más férrea, que no cuestiona su fondo, pero que reconoce la emergencia de su forma.
Mientras releo esto, me di cuenta que ya no lo publique en su momento, y no es mas que un conjunto de ideas que no lograron desarrollarse…


