Hacia que lado ir, donde buscar la afirmación para la decisión, el guiño que dará la respuesta, el espaldarazo que nos resguarda. Esto de estar tan quieto a uno lo pone a pensar cosas extrañas, se tiene mas tiempo para fisurar el presente y transformarlo en el enjambre de avispas que es, recorriendo las ojeras propias y las ajenas con obscena delicadeza, escarbando para ver en que momento están gritando o solo silbando, es caminar por lentas y despobladas vitrinas, es buscar la expectación en las dos líneas del diario que se asoma en el quiosco, es buscar ese algo que no habla en la columna que se ofrece como apartado. Esto de tener tiempo me convierte en el blanco del carnicero reprimido y en la dueña de casa con entrepiernas clausuradas, me insultan en las calles con las bocinas y las abuelas abofetean mi cara como la de un nieto drogadicto o prófugo. Desde que tengo miedo ni las mozas ni las bellacas se me arrojan, no me silban con los ojos cerrados y no me absorben el aire con su boca redentora; las de siempre no pellizcan mis esperanzas y las de nunca no existen ni en las ganas. Desde que el tiempo es mío argumento de mal agrado lo inefable de la experiencia mística del acto, de la inconmensurabilidad del artefacto creado; pero no creo ya en lo que digo, el tiempo ha hecho que ni siquiera pueda creer en lo que hablo. Desperdicio frases y llamados, no le creo ni a las bienvenidas ni a los besos hablados; quien iba a creer que yo dudara incluso de cómo dos mas dos son contados. Por que desde que el tiempo es mió y no lo regalo, los maderos de las bancas se han abierto sin permitirme estar sentado, converso con las nalgas como si estuviese en un confesionario, los pelos se caen por lado y lado, no encuentro libros ni llaves, ni almohadas, ni recipientes útiles, ni artículos de baño; tuve que dejar pelusas y botones en los abrigos no ocupados y camino con las carteras plenas como un equeco cósmico, un buzo en tierra despresurizado, el criminal sexual confeso y automutilado. Esto de ganarle al tiempo me esta sepultando en horas, en minutos, en agujas de segundos, los días tras de mi corren, las semanas se hunden en mis pasos que no detengo, los meses me esperan con manopla a la vuelta de la esquina, y yo sigo caminando como si ellos no existiesen, como si mis cargas no llevara. Desde que me que sobra el tiempo, recorro codo a codo los instantes y los selecciono, arrodillo los triunfos y los unjo tal caballero; las que se llaman penas -no esas que derrotan y se inmortalizan en la fugacidad del humo- están desterradas como patronas de caserones perdidos, autocráticamente preservados, con vertientes eternas, con viñedos inexplorados. Desde que el tiempo es “mi” tiempo, no encuentro en que poner las fichas que he ganado, y me siento a escuchar los malos poetas que pintan el cielo con palabras como “azulino”, y sigo escribiendo estas webadas sin saber a quien mierda me dirijo.
1 comentario:
Que bueno que hayas vuelto a escribir esto. Echaba de menos tu visión de este mundo y tu forma casi cuática de transmitir por medio del post.
Saludos
WooD.
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