jueves, marzo 09, 2006

Mis Nietos

a los que nacieron un dia en que dios estaba enfermo... grave.

La noche de año nuevo no había sido la mejor de todas (no recuerdo una especialmente genial en este momento). Un año mas lo había pasado con los seres mas solos y que mas quiero fuera de mi circulo de la familia, que en verdad con ellos, esta desapareciendo, porque se transforman en nuevos integrantes, en habitantes perennes dentro de esta cabeza que los piensa, habitantes de esta casa ambulante que soy. Éramos los personajes de un cuento de Raymond Carver, es decir: nada de historias extraordinarias, ninguna hazaña de Salgari que evocar, no éramos héroes de ninguna de nuestras vidas, solo éramos tres tipos con una copa en la mano, con una pena que con el tiempo se nos fue olvidando pero la seguimos sufriendo, ya no por destino sino mas bien por costumbre. No teníamos nada que celebrar, ni siquiera algo que echar de menos mas aya del sexo y los buenos carretes que siempre son evocables, aun sea en la intimidad del espejo, en la sonrisa que damos al despertar o en la rabia que nos da llegar antes que nadie o después de todos. Cada uno tenia algo por lo cual no celebrar en esa noche, a pesar de que nos arregláramos para aquello que no nos esperaba. Felipe seguía con la evocación de su monotemático amor de su vida (la Antonia en ese tiempo), la Carmen con esa cara de nada que siempre va marcando los tiempos de alguna velada, ¿Y yo? Bueno, estaba a un lado de ellos, con mis pensamientos enrielados hacia lo que había sido el año que termina, mordiendo piedras en el puente de Catedral en donde estábamos, buscando un mi milagro de año nuevo, mi redención y mi tregua en esa espera que nos tenia ahí a esa hora. No llego nada, ni una señal, ni mi Ada Madrina ni nada. No nos dimos cuenta de cuando ya habían pasado las 12, nos miramos y una extraña sensación nos paso por la mente a los tres, no se que fue para ellos, y creo que no me interesa por que quizá no les paso nada. Pero no saltamos a abrasarnos ni nada, nos miramos a la cara, para tratar de reconocer si aun éramos los mismos, y en verdad, éramos los mismos. Desconfiamos por un momentos, luego miramos desganadamente los fuegos artificiales de la torre ENTEL y por primera vez en mucho tiempo, no me sentí del todo solo, y creo que ellos tampoco. Se acercaron los familiares y tuvimos que repartir abrazos, a destajo y de forma desmesurada, casi grosera a decir verdad. Terminamos en el “snack-bar” de la Blondie, conversando de las tonteras de siempre, pero con una independencia de destinos esa noche a seguir, que nos hacia aprovechar el tiempo y la platica. Nos sabíamos nuestras respectivas historias (las publicas) de memoria, así que los ripios y los malos entendidos no fueron los invitados se piedra, mas bien fue la confianza. Es bueno tener personas así en la vida de uno, por que así uno se va ahorrando las cantidades industriales de información que en esta etapa, no estamos dispuestos a darnos esa paja. Me pongo a pensar a veces que somos la opción más fácil para cualquiera de nosotros tres. Sabemos que no somos los mejores tipos, es más, en ciertos aspectos tenemos la seguridad que ¡somos una mierda! Y así igual nos queremos, ya no con las mascaras del “weon buena onda” o de “puta la mina que es tela”. Eso lo pasamos hace mucho, luego de que dejáramos de sonrojarnos cuando uno u otro se iba transformado en el espejo del otro, lo superamos quizá cuando nos auto contamos acompañados que teníamos miedo de casi todo y por sobre todo de nosotros mismos. Lo superamos cuando el futuro de un día para otro se hizo presente y no logramos justificarnos ni con excusas o exclusas y seguíamos siendo los irresponsables de 15 años pero ahora con 20, cuando la culpa o el amor nos anudo los cordones dejándonos tirados a un borde del camino. Yo soy de esas personas que guardan una cantidad industrial de material inservible en su cabeza, pero la verdad es que no recuerdo en que momento la carmen termino transformándose en la Leona Cassiani de mi historia, o cuando Felipe se fue construyendo solo una pieza en ese lugar en la cabeza en donde tenemos nuestros verdadero hogar, ese lugar en donde habitan papeles viejos y muebles ya no utilizados, fantasmas que descuelgan una que otralagrima o insomnio, pero ahí se quedo, muy cómodo el weon, en un lugar en donde no me molesta pasar a visitar.

No hay comentarios.: