viernes, junio 16, 2006

Lo que ya no esta.

Dicha y perfume de mi vida el recuerdo de las horas

En que hallé y tuve la voluptuosidad como la anhelaba.

Dicha y perfume de mi vida, de mi vida en que evité

Todo goce de amores rutinarios.

Constantino P. Kavafis


La sola sensación de tener que levantarme, me había arruinado lo que sería una de esas perfectas mañanas, de esas en las cuales uno juega a ser serio, a decir cosas serias que la no-seria sonrisa de la otra persona, capta como una confesión de medio día.

Fue entonces que puso la mano sobre lo que había sido un cuerpo troncal, duro, tibio; registrando de forma casi perversa los palpitos y los temblores, con la yema de sus dedos en el miembro derrotado, buscando la bandera que ya no se podía izar en aquel pabellón semimuerto, exhausto, cansado, apacentado, renovado, mordido, succionado, martillado, arañado, permitido y rechazado. Como pocas veces durante el año, mis brazos estaban encallados en un “otro” cuerpo dispuesto, reposado, tibio y tan suave como creo que la memoria lo puede inventar. Y si lo pienso bien, ni los cigarros a esa hora quería alcanzar, ni los lentes gruesos y sucios poner, ni las pantuflas viejas calzar; era nada más que yo sometido a la libertad de estar en el preciso instante en donde quería estar, y eso me daba para repensar papeles de guiones en mi cabeza que había olvidado, palabras perfectas que con cada roce de los pies se me olvidaban o simplemente estaban de más. Y espero que con esto no caiga en la infidencia obscena, al confesar que con mi mano derecha escarbé en su espalda de forma casi cruenta, rastreando el lugar en donde poner las camas y petacas, los días libres, las tardes de sorpresa, y descubriéndome infragante en el acto, me amonestó de forma drástica con esa sonrisa sumada a todas las somnolencias que tenía tan sólo para mí guardadas; bostezó como en aquellos días, en donde el café ya no amainaba el avance del sueño traidor que no deja terminar las buenas charlas, y que en ocasiones las cortaba en el preciso instante en donde se tornaban amargas. Le hablaba de esos planes tontos, de esos que uno sabe que no realizará, le decía lo bonita que se veía cuando la miraba de espaldas, trataba de hacerle templar el habla como lo había logrado antes, entre el decimocuarto o decimoquinto arañazo inicial, que estaba próximo al cuarto o quinto encontronazo de las miradas que nos hicieron temblar.

Después de mi atropellada introducción al despertar, puso su dedo en mi boca, y su otra mano registró suave en mi desprevenido pecho, exorcizando miedos, ordenando papeles, reestructurando cronológicamente el itinerario de los besos, reconstruyendo seis o siete palabras, y tejiendo dos o tres ilusiones que me devastarían al poner los pies fuera de la cama; me habló de las cosas geniales que tenían las tardes en que uno sólo las dedicaba a caminar, del aburrimiento de buscar siempre algo nuevo y excitante en cada cosa, de lo importante que era saber donde llegar cuando uno se sentía bien o mal, eso no importaba, sólo se trataba de saber donde llegar cuando todo estuviera en otro lado, cuando todos estuvieran haciendo algo y uno solo quiere reposar.

Me habló de cómo en el campo lo más molesto es ir al baño como quinientos metros mas allá de donde la casa estaba, de que los veranos “son bonitos cuando don José presta los caballos” y como uno puede recorrer el río arriba por la orilla, de como las plantas, según la abuela, reaccionan con la música, y es por eso que en las mañanas está prohibido cantar. Entre risas me decía cómo le mostraba los calzones al niño de los Estuardo cuando era chica, y que entremedio de las moras lo había arrastrado “al muy aweonao” para como a los quince años besar, que sus hermanos chicos eran muy regalones en la casa de la abuela, y que sólo se preocupaban de ella cuando no tenían a quien molestar; me contó que los hombres somos tontos y egocéntricos en el actuar, me contó que a veces en las mañanas había desarrollado la capacidad de “llorar de memoria”, y yo no supe qué hacer cuando empezó a llorar, tan sólo para probarme que decía la verdad; mas yo creo, que hay personas que tienen mucho que llorar, mi vieja me había enseñado que a veces uno puede pagar en cuotas de llantos lo que en la vida nos cuesta mucho superar.

Me acarició la cara y me dijo que jamás me había visto feliz, que era la primera vez que me veía tan manso, y como un niño a su pecho me fui a acostar. Nos reímos de lo sonrojado que yo me puse cuando ella se tapó la nariz con los dedos, y me ayudó a “sabanearlo”, para luego volvernos como cíclopes a mirar. Me sacaba la lengua cuando se me acaban los pretextos para hablar. En honor a la verdad, y antes que pregunten, no le pregunté nada sobre un posible “algo más”, me entró un pánico enorme el pensar que se espantaría y en su cara estaba la expresión de “no lo vayas a arruinar”.

Yo… La verdad es que el “yo” en ese momento, estaba resumido en dos o tres caricias que ella me podía dar. Yo sólo movía la cabeza y pensaba en algo que decir, una historia graciosa que reír, una pena de esas que con los años las llegamos a incorporar como parte de nuestro repertorio conversacional, y el interlocutor de turno nos dice: “¡que pena!” y uno cínicamente contesta: “no pasa na’”… y no, no pasó eso, no se me ocurrió nada, estaba demasiado preocupado en leer lo que su espalda en braille tenía para contar y lo que mis dedos en ella dejar: sobre los gemidos del tiempo perdido, las ganas contenidas, los “hasta pronto” no concretados, en el ritual de espera, en el ansia, en el juego de lo buscado y no encontrado.

La sequedad de la boca vino acompañada de dos premoniciones estúpidas que sólo en ese instante se me podían ocurrir, miré a un lado y entregué la más cínica de las caras de correspondencia, tratando de ocultar la mano ocupada en la expedición de ella en mi cama. Entonces me entró un miedo casi demencial, al pensar que estaba en una posición que después no podría recordar, o reencontrar mejor dicho, pensé que camino a la cocina el camino de vuelta podría cambiar, ¡o peor!, que se me hubiese podido olvidar el regreso y en ese preciso momento, a eso no podía renunciar. Entonces ella sacó mi mano de ella y se paró de forma brusca y terminal; sólo atine a poner cara de un miserable “¡¡¿Por qué?!!” y ella con una risa que tan sólo su desnudez puede entregar, se dió vuelta riéndose y me dijo: “¡un vaso po’ weon!…el que no te atrevi’ ir a buscar”

7 comentarios:

Anónimo dijo...

me voy a dar el placer de ser la primera en postear, en vista y considerando que la concurrencia a estos espacios ha aumentado considerablemente. Supongo que la cuestión del "universo de lo sobreentendido", celos y demases, (metateorizaciones, por cierto)está empezando, aunque cueste, lentamente a sanearse. Que más, supongo que el tiempo y la distancia nos jugaron buenas y malas pasadas, que después de eso supusimos no habría nada, y aqui estamos... el mismo café, lamentablemente cigarrillos más fuertes (y más caros) por ya no sentirle sabor a cosa alguna a los antiguos corrientes, canciones y libros viejos y nuevos,y tantas otros detalles, detalles, por cierto, para nada menores. Es cierto, este era el preciso, este era el "reaccionario", este fue el que me caló hasta los huesos, esos huesos que guardan "los besos que no has dado, los labios de un pecado... y sin embargo, un rato cada día..." en fin. ya sabes. thanks, so much, popular zaeta, zaetín pa´lo amiguis, y para mi, el mismo de siempre.
p.s. recuerda arreglar un cuarto aparte para los peluches, las floresy demases. También recuerda dejarme el espacio entre las invitaciones de tus fans... a conce aún le quedan calles por recorrer, y siempre tambien habrá un buen años luz, simon pedro, mon, etc, etc, etc...

no es preciso que te diga... jajajja

yo.

Anónimo dijo...

no me habia percatado que me dejo un pequeño post en mi blog.. solo pasaba agradecer ^/////////^ ..es que como que no se ocuparlo bien .. jijiji....

no eli su texto porque parecia mas largo que el libro de jara!!!!..AA.. :D ..

Cariñoz!.
tau!

Anónimo dijo...

Imprimo y llevo para leer acostada en mi casa
Un beso!!!!!!

Anónimo dijo...

Confieso que solo entre al blog por que busco encontrar a alguien que se me perdio hace mucho tiempo de nombre Fernando Garrido...pero bueno, mas alla de eso me gusto la forma en que escribes! te felicito y te dejo un abrazo.
http://manuelabsas.hi5.com

m c dijo...

pucha escribí algo y se borró, bueno la cosa es que ahora entiendo eso de los cinco mejores, ah y que una vez me dedicaron un poema de konstantinos porque yo soy muy las líneas que escribió sobre irse a otro lado a buscar a alguién, y eso, y que pensé que era con k pero no?

m c dijo...

ah si lo otro era pa hueviarte que te postearon puras minas, aunque esa weá debe ser bagán pa un hombre no cacho hahaha chao

Anónimo dijo...

PACIENCIA
Se i afirmo, que se, y recuerdo con exactitud el primer boceto de esta enmienda. Y hasta podría imaginar a esa mujer.
Más bien, o más que eso, pude dibujar toda esa escena en mi cabeza, y dilucidar los momentos creados por el narrador y todo eso. (Gracias por el fondo de pantalla “Loser”)
Las fantasías olvidadas de ni cuerpo hoy son alimentadas por lo mismo de siempre, y nada más, la lujuria y el placer se redujeron a unos cuantos clics, y a un buscador.
Hay, Fernando.
Hay Fernando.
Que será de mí, cuando ya no estés.
A los brazos de quien llegue. Con quien llorare. O donde estere.
Hay Fernando, que sería mi corta vida sin ti.
Hay Fernando. Que serian las calles de esta ciudad sin ti.

No, no. Yap, pongamos serios, con el post.
Noves que esto no se izo para jugar.
No sé. Peor no recuerdo en mi mida una escena parecida a esa. Pero tengo una historia para ti.
La mañana parecía, perfecta. Si le podemos llamar mañana a las 6 de la tarde. Si no fuera por una sequedad en mis labios y un profundo malestar en casi toda la habitación. Pudo haber sido el olor a cigarrillos bañados en vino, que utilizaba de cabecera. A la imagen pintoresca de un bulto saliendo de mi habitación luego de abandonar lo que pudo ser mi posada al amanecer.
No sé. Hasta detesto los amaneceres, después de los primeros 500 mil que me toco presenciar. ¿Las cosas nunca perduran para toda la vida, y que vida no? Pero bueno, peor sería perderme net re mis sabanas rasguñando su olor que alguna estuvo. O nombrándole por las mañanas entre el café que despierta y el cigarrillo que te renueva de mierda esos pulmones, que no le tenemos para respirar, sino para llenarles de mierdas. ¡!!!!!!(1)
Sacudiéndote le polvo que supones que fue, porque tus recuerdos no te llevan ni a dos cuadras de tucas. Antes de salir, menos de recordar el regreso.
Pero hay cosas hermosas en muestras vidas, cierto. Y acá mi historia se parece a la tuya. Aunque con distintas perras.
Quizás esas risas fulminantes llenas de placer y de lujurias, no querían nada, ese vacío e incomodo estar y esa situaciones que ella llama el mundo de los sobreentendido. ¿Abarcara ese, vete al carago de una ves por toda, y deme respirar? O ¿Por qué me mierda aun este recuerdo me fastidia?
No sé, no sé, a que se debe todo esto, pero si lo llego a describir. Esto terminara acá.


(1) Comemos de ella y nos llenamos de ellas y nos termina gustando.
Así como enfermos y como ignorante, amando a estúpidos ruiseñores, cabalgantes y depresivos que terminaron perdiendo una extremidad, la vida, o la cordura.
Quizás tú y yo no seamos tan diferentes al fin y al cabo. Quieras la demencia sea nuestra única salida o nuestro único ideal.
Esas hacinas enfermas de volver una y otra vez a los mismos puntos que sabemos que nos duelen tanto. Pero le encontramos el gustito sabroso al dolor y la amargura.
Si mal no recuerdo escuche, un día. No hace mucho. No diré cuando, pero solo diré que fue un día. De tu boca salió; “ESTOY MEJOR SOLO”.
Atado a pastillas y nicotina, con una manguera al culo y otra a la sien.
Una arma siempre cargada en el velador y una cuerda de piano, por si te quieres lucir, o darle una historia dramática y poética a los PDI que retiren tu cuerdo de la lacena, o de los pabellones del siquiátrico en donde termínenos nuestros días de juventud.

Porque a viejos solo llegan los astutos, y no gente como nosotros. La gente como nosotros, prefiere estar solo, porque así dañamos menos al mundo y a nosotros mismo.
Sabemos que no estamos hechos para crecer, como un idiota normalmente. Discúlpenme los imbéciles a parte de Fernando que lean estos. Pero el día que hagan fotosíntesis me llama, para ira a chuparles la Berga al grupo de cretinos.
Peor escucha Zaeta, o Fernando, está bien.