jueves, febrero 22, 2007

Alone

Estaba leyendo un artículo sobre Thomas Merton, escritor, poeta y monje trapense norteamericano, que ha tenido gran influencia sobre una generación variopinta de escritores en los últimos cincuenta años, entre ellos podemos nombrar a Ernesto Cardenal. Lo que me interesa señalar aquí es un pasaje sobre este autor que escribe Claudio Bertoni, un chileno que en estos años debe estar cruzando los sesenta años y que por casualidad conocí por un poema que me recomendó Gustavo hace ya mas de seis años. Luego me compre un libro que escribió en el año 2000 mas o menos, llamado "Una Carta", en donde se mostraba un autor pasional y arrebatado por el amor y el engaño, por la sensación de sentirse victima de una traición en donde trata de maraca, de puta, perra, mentirosa, receptáculo de semen, etc. todos los bellos adjetivos que solo puede ser portador el objeto amado. Tenia como quince o dieciséis años cuando lo leí, lo cual se explica la total indeferencia hacia el cataclismo de dolor y desesperación que se encontraba en el libro, a ese fecha no contaba con grandes historias de amor (por no decir ninguna) y entre las pajas matutinas y vespertinas que animaban los días junto con Borges y Dostoievski no había espacio para la experimentación de tales estados. El cuento es corto, ese viejo Bertoni, que en una entrevista a Symms en el 99 alegaba el daño de los libros y de la desesperanza de vivir en la soledad que había elegido hace mucho años, tenia en ese tiempo algo así como cincuenta y seis años lo cual me llamo mucho la atención, ya que el libro estaba escrito por un pendejo desengañado y enamorado en apariencia; aun mas me llamo la atención el hecho de que la mina a la cual estaba dedicado tenia 17 años (jajaja). En fin, para ir al punto, en ese artículo sobre Merton me tope con un pasaje sencillamente genial, discretamente obsceno, y vivencialmente indesmentible, que bien vale la pena reproducir por este medio por muchas razones. La primera esta dada por el valor que le atribuyo yo claramente, y lo segundo es por que este articulo apareció en la revista de reportajes de la revista de Reportajes del extinto diario capitalino El Metropolitano al cual mis viejos estuvieron suscritos (por alguna críptica razón) durante toda su duración.

Bueno, sin más preámbulos aquí les va:

Según Pavese: "Existe un solo heroísmo: estar solo, solo, solo". Si , pero: como, como, como. Merton nos dice ¿Cómo? Defensas Universales. Miedos y riesgos universales. Ayunos y dietas universales. Un padre del desierto por ejemplo, alcanzo la libertad trenzando cestos. Los trenzaba durante todo el año y los quemaba a fin de año. También Milarepa, el grandísimo místico tibetano, levantaba casas de muchos pisos para después derrumbarlas. "Así - dicen – dejo de ser esclavo de su propia psiquis y se convirtió en su dueño". Pero ¿Qué hacer lejos de gurues y monasterios? ¿Con un sexo, una lengua, con un corazón indómito? ¿Con un ser de caricias y de parches curita? ¿Con un deseo de pulpo en un océano de vitrinas?

Claudio Bertoni 6 de junio de 1999.

1 comentario:

Pato dijo...

Aquel es el mismo trauma de católicos culposos y miedosos y cartuchones como Merton, fiel reflejo de la inquisición, de los mismos pelotudos que debían castigarse y crearse culpas materiales y empíricas para no explorar el mal: matémoslo nomás, que no haga magia, si yo no tiro con la mina que me gusta y el puede entonces él es pecador. Tiremos pero a través de encíclicas camufladas de antitesis de valores que se reflejaran como tesis valoricas positivas para los seguidores. Odian a las mujeres y defienden su miedo como “epistemología de la relación social”, como una posición, como un deber ser, como una norma y elección, cuando no es más que una culpa y miedo disfrazada de diseño, de ideología y decisión personal negra y oscura cuando el rosado es aún más deseado. Falacia racional y mentirosa que hasta la mujer con más tesoterona, peluda, buena pa’ la pelota y la chela puede descifrar.

Bertoni lo mejor que tiene son sus fotos de minas en pelota, y que me perdone la fibra poética que en este caso no me late para nada, otro de los mismos miedosos y pacifistas, de esos que confunden la defensa con la ofensa, otro miedo más a reclamar lo tuyo en aras de un relativismo extremo y estéril que impide decir verdades, cuando el mejor remedio para comprender la realidad para la onda postmoderna es tirarse de un edificio o pegarse un balazo en la pierna y reencontrarse con esa verdad perdida estilo
E = mc2.
Animarse las tardes con Borges y con Dostoievski es más masculino que tirar todo el día como rugbista ansioso de virilidad. Es sólo una fortaleza tapada como ñoñería o cartuchismo pero que personalmente considero notable y que a pesar de las posibles culpas (que no digo para nada que existan) puedo asegurar que darán frutos (de qué árbol sea ese fruto… eso si que no lo se).

Toda esa cita que relatas me recuerda el Sida, no más que un invento disfrazado de virus emergente que objetiviza y materializa la misma culpa de antaño pero ahora en los códigos empíricos que el hombre contemporáneo necesita, de tiza y pizarrón, con calculadora, hombre absorbido por el ideal de la modernidad y toda esa basura quijotesca, alejada de la trascendencia y amiga del número como dato y no como información que lo carcome, reduce y aplasta. Tan simple como la materialidad de la culpa que ahora no se llena con cuentos de hadas.

Muchos saludos y verdaderamente sinceros…tengo referencias por eso lo digo.
Buen blog.