Quizá fue mejor así, que todo terminara, como terminan las malas historias. Y cuando me refiero a malas historias, me refiero a las carentes de significancia, a las historias desprovistas de tensión argumental, que se desarrollan en los anhelos de uno de los personajes pero que no tienen mayor relevancia. Así son las cosas, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio (Serrat). Después viene el periodo que algunos llaman indistintamente “soledad”, pero lo clasifican todo desde un mismo plano, la soledad es todo…. Y creo que conceptualmente esta errada esta visión. La soledad es un proceso, es constante, se conquista, se recupera y se le aprende a querer conforme va pasando el tiempo, es así. La soledad podríamos decir que es como el amor; si… como el amor. Si, yo creo que el amor es algo que es un poco mas haya de las formas y tiene que ver más con los fondos. El amor, al cual usualmente alabamos u odiamos, es solo una mera conjunción de aptitudes biológicas, conductas, necesida
des, etc. Muchos amamos el guiño, la postura exquisita de su desplante, sus pies pequeños y tiernos, sus manos frías o su mirada triste. En fin, esa ilimitada fuente de afectos que puede ser una persona… pero el amor es algo mas haya, es algo que tiene que ver con la verdad según yo. Y la verdad puede que este en el desenmascaramiento de los años y la cotidianidad que nos va alimentando o carcomiendo (es relativo). Pero el amor esta en esa mirada que nos entrega la experiencia, luego del conocimiento de las pifias, cuando ya lo guiños o los artilugios con los cuales te hacían reír o llorar ya no funcionan, o por que ya los conoces todos, y sabes que te regalara tal cosa ya que “ella o el”, tu ya sabes que son así, ya saben como somos… pero aun se desprende la necesidad de “estar ahí”, de constituir un infierno o un paraíso (cada cual con sus gustos) pero juntos… creo que ahí esta el amor. Cuando aun logras conservar esas ganas de no estar en otra parte. De una u otra forma el amor se va transformando en residencia, en un hogar en donde cae solo lo más importante. Algo parecido va pasando con la soledad. En su primera etapa cuesta asumirla o interiorizarla como parte de nuestro todo. Es estética en primer
orden, nos acordamos de su existencia (siempre ha estado, solo que los demás no nos dejan percatarnos de ello) en su expresión funcional. Quiero explicarme: con lo de funcional me refiero que la manifestación de presencia, la percepción del “otro” esta dada su acción o manifestación material… por ultimo lo sentimos dado que molesta. Y como siempre pasa, la integración o la disolución del vínculo esta dado por la mutua aceptación e integración de los sujetos a un todo. Quien haya pasado por esto lo pude confirmar. Luego pasa que, los hombres (todos los humanos mejor dicho) poseemos distintas cualidades y aptitudes, determinadas por nuestra configuración genética y el condicionamiento social de estas aptitudes, que han logrado la potenciación de unas por sobre otras. Así que en la funcionalidad podemos fundar el primer vínculo, y se nos presenta de manera mas clar
a la ausencia. Podemos recordar por ejemplo como la otra persona hacia las cosas que ahora nosotros debemos solos, hacer por nuestra cuenta, como se potenciaban mutuamente llegando en algunas ocasiones a la integración y funcionamiento óptimos (claramente esto es antes de irse a la mierda y escribir cosas como esta). A esto me refiero con manifestación estética de la soledad. Pero es en esta parte, en donde mas que solos, nos sentimos despojados de todo lo cual en algún momento fue importante, nos quedamos con una cantidad de material de sobra: mentiras, verdades, caricias, adioses, bienvenidas, chistes, anécdotas, etc. una cantidad enorme de detalles propios de la adaptación que sufrimos cuando anteriormente pasamos a la “no-soledad”. Por eso es que vamos sufriendo cada detalle de las ausencias, de las pasajeras… y sobre todo de las definitivas. Pero lo peor de este abandono, es la sensación de que nos abandonamos a nosotros mismos, nos despojamos totalmente de la conmiseración del “yo”, lo cual en algunos casos es bueno, ya que nos permite reconstruirnos. Esto es la parte en la cual casi todos caen por distintos motivos. Luego es probable que en la superación de este estado llegue otra soledad (persona), y nos recuerde que el mundo no es está mierda, como nos imaginábamos. También suele pasar que del estado estético de la soledad, empecemos a experimentar el estado ético de esta, cuando nos empezamos a dar cuenta que nunca estuvimos “no-solos”, sino que compartíamos soledades, a fin de llevarlas. Y en esto coinciden conmigo muchos de mis contemporáneos que están en el estado ético de esta, y es que no hay nada mas hermoso que cuando dos soledades se miran a la cara, cuando dos soledades empiezan el juego del cíclope, cuando empiezan a reconocerse y a lamerse las
heridas (como dos los esteparios), y luego de eso se aprestan al acto de la redención de la carne, la calma y el estallido de los espíritus en la entrega dionisiaca. Pero una entrega sincera en este estado no significa el abandono de este karma del hombre. Es sincerarse, mirarnos bien reconocer que indistintamente estamos solos, pero que la soledad puede estar acompañada de otras soledades. Es mirarse ya sin rabia en el espejo y reconocer que en la cuenta del olvido, los números están en rojo. La soledad en conclusión, no podemos dejarla de lado, como a una molestia o cosquilla, no es una sensación corpórea ni una pelotudes del espíritu.
sábado, noviembre 12, 2005
De la soledad y otras chauchas...
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1 comentario:
¿El amor y la soledad antagónicos o correlativos?
¿No se puede amar, sin ser amado? ¿No se puede estar solo en compañía?
El ser humano es eso,:ser y, a veces, incluso humano; y por ello paradójico y contradictorio.
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